MI PEQUEÑO RINCÓN DE MUNDO

Actualizado: hace 5 días

Un joven negro, no tiene más de 18 años,

va de mesa en mesa con una caja

repleta de pulseras.


Yo estoy sentado en una esquina intentando calmar

una terrible resaca con un café

que me sabe a whisky.


El negro se acerca a mí,

me mira con sus ojos grises,

rotos y apagados,

y me pregunta

si me interesa alguna pulsera.


Hurgo en mis bolsillos,

siento un duro pinchazo

en el costado al moverme,

consigo sacar unas

cuantas monedas

y ponerlas en su mano.


El chico deja caer una pulsera

sobre la mesa,

la agarro y la vuelvo a echar

dentro de su caja.

Quédatela tú, no soy de llevar

pulseras, le contesto.


Me sonríe, me da las gracias,

y sigue con su lento caminar

deambulando entre mesa y mesa.


Sus pasos le llevan hasta

una vieja pija, rubia y bizca

que está tomándose

un mojito con do