SI MI GATO FUERA ESCRITOR


La vecina me mira como si se compadeciera de mí.

<<Este pobre hombre que no sale de su casa>>,

pensará ella.

Yo subo rápido por las escaleras

para no encontrármela por el camino.

Sería terrible tener que aguantarla

durante tres largos pisos.

Odio al mundo,

y creo que el mundo me odia a mí.

El ser humano tiene esa estúpida necesidad

de mirarte como si pudieran salvarte.

Y eso que ni siquiera son capaces

de salvarse de ellos mismos.

Todos quieren darte consejos

para que puedas vivir una vida

tan bonita como las suyas.

Una vida que tú jamás podrías soportar.

Yo no necesito que me salven.

Ellos no entienden que soporto

como nadie a la soledad.

No entienden que yo no necesito

lo mismo que ellos.

Que a veces me basta con el folio

y en muchas ocasiones ni siquiera

lo soporto a él.

Con los años

aprendes a convivir con sus miradas,

aprendes a aceptar sus mentiras.

Y hay que dejar claro que aceptar

una mentira no es creértela,

es saber que mienten y que aun así

te dé exactamente igual.

Las mentiras no se cobran en el acto,

sino que se pagan en confianza

y a pequeños plazos.

Una vez que llego a casa y entro por la puerta,

lo primero que hace mi gato

es pedirme comida.

Sin rodeos, sin mentiras, sin preguntarme:

ey qué tal te ha ido el día.

Él viene hacia mí y vuelve a ir hacia su plato.

Y lo tiene lleno, pero él quiere algo mejor.

¿Y quién no?

Ellos son reales, si los gatos pudieran escribir

escupirían verdades como nadie.


Si mi gato fuese escritor,

yo estaría pidiéndole comida a él

y él estaría terminando este libro.



#CarlosKaballero

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Es fácil besar en París.

Yo busco quien me ame en Vietnam

CarlosKaballero

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